Mi nombre es Elena Goldaracena . Es mi deseo informar a todo aquel que desee sobre las flores de Bach, flores de California. de Bush. y otros sistemas muy interesantes con los que me manejo y he aprendido mucho en casi 20 años de trabajar con ellas. Me sorprende el desconocimiento tan grande que existe aun en aquellos que han hecho alguna vez un tratamiento. Existen muchos mitos que se fueron instalando. trataré de dar a conocer cuales son. y compartiré con uds. datos muy valiosos extraídos de mi experiencia con esta medicina maravillosa y los invito antes que nada a leer un prólogo del Dr Florencio Scardó del libro La medicina floral de Edward Back de María Luisa Pastorino que es imperdible.
No me cansaré de repetir que hay una sola y única medicina: la que cura, pero para llegar al resultado apetecido y necesario se requiere una mente abierta y un espíritu no menos abierto y, sobretodo, dotado de la suficiente valentía para enfrentar la cultura dominante, la fraguada por las escuelas y las academias que ignoran o fingen ignorar que están al servicio de la poderosa industria farmacéutica y de intereses que no siempre (tentado estoy de escribir casi nunca) son los de los enfermos. Afirmar que en la actualidad el médico corriente está reducido a ser el agente de ventas de la tal industria no es, en modo alguno, un concepto peyorativo si no la formulación de una realidad flagrante y al mismo tiempo temible. La historia de la Talidomida debería ser la primera clase de todas las cátedras de Terapéutica de todas las facultades del mundo; que así no sea es un silencio culpable de la conciencia médica y una marca infamante para el espíritu humano.
Se declama mucho sobre derechos humanos, pero ni por asomo se incluyen en esa declamación lo de los pacientes cuya vida y cuya salud están en manos de una pseudo ciencia convertida en industria.
Frente a tal estado de cosas el médico que se resuelve a volver la vista hacia otras maneras de curar, no autorizadas oficialmente, ha de afrontar un verdadero martirologio que lo tilda fácilmente de charlatán o curandero. Quien emprende tal camino ha de pasar por la prueba iniciática de toda rebeldía de campo cultural y de toda valentía en el terreno espiritual, pero al hacerlo, se convierte en un ser de elección que poco a poco, (muy poco a poco) es reconocido por los sufrientes que lo eligen culposamente o huyen desilusionados de una medicina rutinaria que al olvidar al hombre se ha olvidado de sí misma; que ignora todo el acervo tradicional que nace con Hipócrates, a menudo asistido por Perogrullo, maestro de maestros, que solo reconoce resultados y no teorías, curaciones y no hipótesis...
Carrasco.Montevideo.Abril 1987
Florencio Escardó
Profesor Emérito de la Universidad Nacional
de Buenos Aires